Todo mi arte está callado
en un respetuoso silencio reverente,
como la tímida mirada celeste
que desnuda palmo a palmo
el cielo; cada vez que amaneces.
Toda mi voluntad está dormida,
sumida en el infame sueño
del discípulo que ni una hora vela,
pero despierta en el letargo
de aquel, que tan alta vida espera,
que sueña y no deja de volar,
porque en realidad no sueña.
Toda mi esperanza,
de lino fino está vestida
y ciega, senil de no verte,
se pone de pie, se sienta,
nerviosa se tumba, se acuesta
y también callada se desespera
mientras espera
recobrar la cordura y la vista en una nube,
mientras espera que tú mi Cristo;
VUELVAS.