Estoy sentado en un embarcadero
y mis sentimientos cuelgan
sobre las cristalinas aguas
de un lago flanqueado por casas inertes,
pintadas, todas ellas de vida,
todas ellas en tonos pastel.
En cada uno de los patios,
sembrados de una cálida soledad,
florece el color de las buganvillas
y todas ellas junto a las matas de mango,
las palmeras y mis pensamientos,
se desafían en la feroz batalla del protagonismo.
La brisa se empeña en agrietar
a golpe de sutiles lametazos
la extensa superficie de agua dulce,
el mínimo perfil de mis lágrimas saladas.
Tú habitas en la brisa, en la canción más triste,
en la más alegre de las alabanzas;
tu brisa tibia eleva mi alma,
tu presencia convierte lo idílico
en insuperable.
No se oye nada,
los pajarillos han enmudecido
en señal de profundo respeto por mi pena,
y los peces, que se cruzan nadando
se hacen señales de silencio,
shuuuuu!! Que nadie diga nada
que nada rompa esta tranquilidad homicida,
que aquí lo único estridente, es la calma.