Si tú me sacias:
mis preguntas, mis dudas, mis temores
disfrazados de lágrima, de cristal,
de grito desesperado tal vez,
correrán despavoridos, muy asustados
al encontrarse cara a cara
con el lleno absoluto, son su sin sentido,
con la certeza de saberte amante,
de saberte sin secreto, completo, todo;
si tú me sacias
Cuando me sacias:
mis sentidos empiezan a sentir de nuevo
y se llena, y se inunda todo de música,
de sinfonías de olores gratos,
de colores dulces al tacto
y todo huele a nuevo día
y se ve, se escucha y sabe a caricia:
si tú me sacias.
Si tú me sacias:
mi vida sedienta, indiscreta,
seguirá alimentándose de tus palabras
y éstas, correrán por mis venas
como dagas certeras y afiladas
hasta hallarme desconsolado
en el tuétano de mis intenciones,
para partirme en dos el alma,
para llevarme ante ti,
convertido en polvo, sin ser nada,
a ungir tus pies con las lágrimas
y el nardo puro de mi alabanza;
si tú me sacias.
Si tú me sacias:
mi boca triste, seca, cuarteada,
sumergida en el pozo de la vida
se ahogará de confesarte
y de declarar tu costado abierto
y de gritar que resucitaste
y de proclamar que no quiero,
ni necesito ya nada,
que mi corazón es una fuente
a golpes de agua viva labrada
y que el dibujo es eterno,
al igual que eterna es la confianza
cuando al alba el sol indeciso
me descubre ya amanecido,
porque mis noches, ya no son noches,
ni mis desvelos, desvelos,
ni en mis huracanes, mis tormentas,
vuela ni se desprende nada
sino que reina tu infinita calma
porque tú Señor, si solo tú, me sacias.