No llores alma mía,
que el sabor amargo de tu llanto
lentamente apaga el fuego,
apaga el sol de mi sonrisa.
No llores vida mía,
que cada una de tus lágrimas
esculpen en mi alma
el perfil de una guadaña,
el perfil de la oscura soledad
que vestida de muerte
carcome el trigo verde
y convierte la alegría
en un sombrío sequedal.
No llores alma mía,
que tu boca sabe a llanto
y tus labios empapados
amargan la miel
del beso que me das.
Mejor, llora, llora vida mía,
llora de alegría,
que cuando estás alegre
llora el alma mía,
llora, de felicidad.