sábado 4 de abril de 2009

HAZME UN DISCÍPULO TUYO.

Señor hazme un discípulo tuyo
que quiero que en la tormenta,
cuando mi vida sacudida
esté anegada por las lágrimas,
tú seas el capitán amante
de ésta humilde barca
y dirijas el timón de mi fe,
para conducirme paciente hacia la calma.

Señor hazme un discípulo tuyo,
que prometo no afanarme,
ni turbarme con las ambiciones de la vida
si en mis moradas
la mesa está aderezada
con el sazón de tu alegría,
si mi mesa está llena de sustancia,
saturada, de tu palabra viva.

Señor hazme un discípulo tuyo,
que cuando hiedan las heridas
y mi alma lleve cuatro días
enterrada en el sepulcro de la prueba,
llores de compasión ante mi tumba
y me desates las vendas
para descubrir un sudario
empapado en llanto de esperanza.

Señor hazme un discípulo tuyo
que quiero asirme de tus vestiduras
para así saberme sano
y caminar bajo la sombra
de la virtud que desprende tu manto.

Señor hazme un discípulo tuyo,
que quiero esperar en la hierba fresca
a que después de haber dado gracias,
haber partido el pan,
haber multiplicado los dones y los peces,
me pastorees junto a aguas de reposo,
en delicados pastos me confortes y alimentes.

Señor hazme un discípulo tuyo
que quiero recostar mi cabeza
junto a tu pecho
y llenar mi aljaba de pan seco
sabiéndome tu discípulo amado,
mientras me lavas el alma
y me ciñes con la toalla del siervo.